Casi siempre es tarde cuando comprendes
que era a ti a quien debías quererte.
Y, sin embargo, siempre que lo haces
ese amor llega justo a tiempo.
Marwan - Todos mis futuros son contigo.
A veces la vida te pone a prueba. El desamor no es quizá la más dura de todas pero sí un buen momento para parar, pensar y retomar las riendas de tu vida. Superar una ruptura inesperada nunca es fácil, así que para mi comienza una nueva etapa de búsqueda. Y para ello cuento con la ayuda permanente de la poesía y de Benedetti, que una vez escribió: 'para vos no es novedad que el mundo y yo te queremos de veras, pero yo siempre un poquito más que el mundo'
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
lunes, 20 de junio de 2016
miércoles, 25 de mayo de 2016
El Amor y la Locura
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos de los hombres.
Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por 3ª vez,
la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
— ¿Jugamos al escondite?
La INTRIGA levantó la ceja intrigada y...
La CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó:
—¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?
— Es un juego — explicó la LOCURA —, un juego en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre, ocupara mi lugar para continuar el juego.
El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA.
La ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar:
La VERDAD prefirió no esconderse. ¿Para que? si al final siempre la hallaban.
La SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (pero al final, lo que la molestaba era que la idea no fuese de ella) y...
La COBARDÍA prefirió no arriesgarse...
— Uno, dos, tres... — Comenzó a contar la LOCURA.
La primera en esconderse fue la PEREZA, que como siempre se dejo caer tras la primera piedra que encontró en el camino.
La FÉ subió al cielo.
La ENVIDIA se escondió tras la sombras del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo consiguió subir a la copa del árbol más alto.
La GENEROSIDAD casi no consiguió esconderse, cada sitio que hallaba le parecía apropiado para alguno de sus amigos:
...que si un lago cristalino, ideal para la BELLEZA;
...que si la sombra de un árbol, perfecta para la TIMIDEZ;
...que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD;
... que si una ráfaga de viento, magnífica para la LIBERTAD.
Así termino por ocultarse en un rayo de sol.
El EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo..., pero, eso sí, solo para él.
La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (bueno es mentira), en realidad se escondió detrás del arco iris, y...
La PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes.
El OLVIDO.... se me olvido donde se escondió..., pero eso no es importante.
Cuando la LOCURA contaba 999.999,
El AMOR no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado; hasta que diviso un rosal enternecido y decidió esconderse entre sus flores.
— Un millón — contó la LOCURA y empezó a buscar.
La primera que encontró fue a la PEREZA solo a tres pasos de una piedra.
Después descubrió a la FE, la escuchó discutir con Dios en el cielo sobre teología.
A la PASIÓN y el DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la ENVIDIA, y claro, pudo deducir enseguida donde estaba el TRIUNFO.
El EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo.
El solo salió disparado de su escondite que resultó ser un nido de avispas.
La LOCURA de tanto caminar tuvo sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA.
Con la DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró subida sobre una valla sin decidir aún sobre a que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos:
El TALENTO entre la hierba fresca,
la ANGUSTIA en una oscura cueva,
la MENTIRA detrás del arco iris... y
hasta el OLVIDO....al que se le había olvidado que estaba jugando al escondite,...
Pero solo el AMOR no aparecía por ningún lado.
La LOCURA busco detrás de cada piedra, de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal con sus rosas...., tomó un palo y empezó a mover sus ramas, cuando, de pronto, un doloroso grito se escuchó.
Las espinas habían herido los ojos del AMOR;
La LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces; desde aquella primera vez que se jugó al escondite en la tierra:
EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.
Mario Benedetti (como no podría ser de otra manera).
Etiquetas:
amor,
Benedetti,
locura,
sentimientos
lunes, 17 de agosto de 2015
Recaídas
Termino el domingo dándole demasiado al coco. Alguien este fin de semana me ha dicho "yo te veo una mujer fuerte, segura de ti misma, que puedes tener lo que quieras y a quien quieras a tu lado". Es alguien que conozco desde hace tiempo, pero que no me conoce demasiado, que solo me ha visto en algunas ocasiones aunque hayamos conectado mucho. Pude tener la oportunidad de contarle un poco mi situación actual y cómo estos últimos dos años han sido una montaña rusa emocional, cómo recuperar la capacidad de sentir se está convirtiendo en todo un desafío. Y me encontré con la sorpresa de que genero una imagen totalmente alejada de la realidad en la que vivo.
Me encantaría verme a mi a través de sus ojos porque yo no encuentro el camino para poder verme así. Y lo peor es que si de cara al exterior aparento esa "fortaleza", más dura es aún la caída cuando llego a casa y me rompo.
Reconozco que he recaído en mi recuperación. Los meses pasan, la estabilidad no llega y todos los frentes siguen abiertos, tanto a nivel laboral como personal.
La búsqueda infructuosa de un empleo estable, la precariedad económica y el sentirme desaprovechada profesionalmente cuando sé de sobra que valgo para trabajar en gestión cultural, está generando un poso de desánimo en mí que me mina desde dentro. Busco más y más formación para poder acceder a un mercado laboral que lo que solicita es experiencia... y la mía parece ser que no vale. Remar y remar para no encontrar puerto alguno en la travesía.
A nivel personal se unen multitud de cosas. Tampoco soy capaz de encontrar una estabilidad emocional. Lo único que sé a ciencia cierta es que he conseguido recuperarme del dolor del desamor, pese a las noticias inesperadas y que no todos lo crean. Y hasta he vuelto a querer. Pero cuando el recuerdo, el miedo y la inseguridad te martillean permanentemente en la cabeza, los momentos buenos no consiguen abrirse camino con facilidad. He tenido muchos momentos buenos últimamente... pero no consigo que éstos se fijen, ni mucho menos que vislumbren que sea algo que permanezca en el futuro, ni siquiera soy capaz de inspirar amor en nadie (y ya decía Benedetti que "para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener la conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor"). A veces lo más fácil es quedarse con la parte buena de las cosas, con la comodidad, con aquello que es capaz de sacarte una sonrisa... y apartar las complicaciones, evitar el enfrentamiento de cara con los problemas y aplazar conversaciones y la toma de decisiones. Un conformismo que nunca ha ido conmigo y en el que cada vez me siento peligrosamente más cómoda.
Pero esa actitud irremediablemente me lleva al fracaso. Porque así nunca cumpliré mis deseos de volver a enamorarme, de tener mi familia y ser madre. Seguiré cumpliendo años y los sueños se irán desvaneciendo. Y yo no me merezco eso.
Sé que tengo que ser como me ven desde fuera. Tengo que ser fuerte, segura, con metas y objetivos, independiente, y que esto me convertirá en alguien atractiva para quien merezca mi amor. Pero a día de hoy es todo lo contrario a como me siento.
No hay que ser demasiado listo para saber que en el futuro cercano se avecinan cambios, y parece no demasiados agradables o fáciles todos ellos. Quizá sea lo que tiene que pasar. Quizá fuera lo que tenía que haber pasado ya hace tiempo. Se avecinan cambios, porque toda crisis o recaída tiene que llevar unos cambios asociados. Si no fuera así, me quedaría bloqueada y estancada en una situación indesable. Tengo que conseguir ser yo quien tome decisiones, y no actuar siempre en respuesta a las decisiones de otros.
De primeras voy a intentar llegar a mi 34 cumpleaños con un examen de conciencia bien hecho, un listado de todo lo que quiero y decidir qué está en mi mano comenzar desde ya a cambiar. Seguiremos informando.
Me encantaría verme a mi a través de sus ojos porque yo no encuentro el camino para poder verme así. Y lo peor es que si de cara al exterior aparento esa "fortaleza", más dura es aún la caída cuando llego a casa y me rompo.
Reconozco que he recaído en mi recuperación. Los meses pasan, la estabilidad no llega y todos los frentes siguen abiertos, tanto a nivel laboral como personal.
La búsqueda infructuosa de un empleo estable, la precariedad económica y el sentirme desaprovechada profesionalmente cuando sé de sobra que valgo para trabajar en gestión cultural, está generando un poso de desánimo en mí que me mina desde dentro. Busco más y más formación para poder acceder a un mercado laboral que lo que solicita es experiencia... y la mía parece ser que no vale. Remar y remar para no encontrar puerto alguno en la travesía.
A nivel personal se unen multitud de cosas. Tampoco soy capaz de encontrar una estabilidad emocional. Lo único que sé a ciencia cierta es que he conseguido recuperarme del dolor del desamor, pese a las noticias inesperadas y que no todos lo crean. Y hasta he vuelto a querer. Pero cuando el recuerdo, el miedo y la inseguridad te martillean permanentemente en la cabeza, los momentos buenos no consiguen abrirse camino con facilidad. He tenido muchos momentos buenos últimamente... pero no consigo que éstos se fijen, ni mucho menos que vislumbren que sea algo que permanezca en el futuro, ni siquiera soy capaz de inspirar amor en nadie (y ya decía Benedetti que "para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener la conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor"). A veces lo más fácil es quedarse con la parte buena de las cosas, con la comodidad, con aquello que es capaz de sacarte una sonrisa... y apartar las complicaciones, evitar el enfrentamiento de cara con los problemas y aplazar conversaciones y la toma de decisiones. Un conformismo que nunca ha ido conmigo y en el que cada vez me siento peligrosamente más cómoda.
Pero esa actitud irremediablemente me lleva al fracaso. Porque así nunca cumpliré mis deseos de volver a enamorarme, de tener mi familia y ser madre. Seguiré cumpliendo años y los sueños se irán desvaneciendo. Y yo no me merezco eso.
Sé que tengo que ser como me ven desde fuera. Tengo que ser fuerte, segura, con metas y objetivos, independiente, y que esto me convertirá en alguien atractiva para quien merezca mi amor. Pero a día de hoy es todo lo contrario a como me siento.
No hay que ser demasiado listo para saber que en el futuro cercano se avecinan cambios, y parece no demasiados agradables o fáciles todos ellos. Quizá sea lo que tiene que pasar. Quizá fuera lo que tenía que haber pasado ya hace tiempo. Se avecinan cambios, porque toda crisis o recaída tiene que llevar unos cambios asociados. Si no fuera así, me quedaría bloqueada y estancada en una situación indesable. Tengo que conseguir ser yo quien tome decisiones, y no actuar siempre en respuesta a las decisiones de otros.
De primeras voy a intentar llegar a mi 34 cumpleaños con un examen de conciencia bien hecho, un listado de todo lo que quiero y decidir qué está en mi mano comenzar desde ya a cambiar. Seguiremos informando.
jueves, 15 de mayo de 2014
¿Estás?
Dolor: [experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial del tejido]
Dolor del corazón: [ ]
Pues no lo puedo explicar. Yo creo que eso solo lo sabemos los que lo hemos pasado. Es como una sensación de ir a morir, de que te falte el aire, que te duele cada poro de la piel. Con el desamor descubres donde está el alma porque hasta eso te duele. Es como una herida abierta que nunca cicatriza. Cuando menos te lo esperas, un esfuerzo, por pequeño que sea, vuelve a removerlo todo y a mandar el proceso de curación al comienzo, como en el Juego de la Oca.
Pero incluso cuando el contador se pone a 0 de nuevo, ya hemos aprendido algo. Llegará el día que la herida está cerrada y el dolor amaine, pero probablemente nunca desaparezca del todo, y eso nos haga recordar el camino que hemos recorrido para no caer en los mismos errores.
Hermana, bruja, tesoro... te aseguro que nos van a volver a hacer "daño" pero eso solo significa que nuestra herida abierta no ocupa todo nuestro ser, y que aún queda piel donde pueden arañarnos. Reconozcámoslo, en el fondo estos pequeños arañazos solo nos hacen recordar que el verdadero dolor está ahí, aunque esté curando. Nadie nos puede hacer pasar por donde ya hemos andado.
Y como nos ha ocurrido hoy, para mi que el contador se pondrá a 0 muchas veces, y caeremos... y volveremos a caer. Porque "Adanes", "Davides" o como se llamen, hay muchos sueltos. Y nosotras somos así, tontas por naturaleza. Entregadas. Impulsivas. Más blanditas que el pan bimbo. Pero tenemos un arma infalible para sobrellevar el dolor. Tú a mí, yo a ti... y las dos a la bruja feliz.
Estamos juntas en esto. Lo estamos llevando bien juntas. Y en el futuro nos reiremos juntas de este dolor... porque hermana, aunque no queramos reconocerlo, nos vendrán otros dolores peores. Mientras tanto, siempre tendremos el whatsapp para las pequeñas crisis, y para esas conversaciones que comienzan con un "¿estás?".
Te quiero, petarda.
Dolor del corazón: [ ]
Pues no lo puedo explicar. Yo creo que eso solo lo sabemos los que lo hemos pasado. Es como una sensación de ir a morir, de que te falte el aire, que te duele cada poro de la piel. Con el desamor descubres donde está el alma porque hasta eso te duele. Es como una herida abierta que nunca cicatriza. Cuando menos te lo esperas, un esfuerzo, por pequeño que sea, vuelve a removerlo todo y a mandar el proceso de curación al comienzo, como en el Juego de la Oca.
Pero incluso cuando el contador se pone a 0 de nuevo, ya hemos aprendido algo. Llegará el día que la herida está cerrada y el dolor amaine, pero probablemente nunca desaparezca del todo, y eso nos haga recordar el camino que hemos recorrido para no caer en los mismos errores.
Hermana, bruja, tesoro... te aseguro que nos van a volver a hacer "daño" pero eso solo significa que nuestra herida abierta no ocupa todo nuestro ser, y que aún queda piel donde pueden arañarnos. Reconozcámoslo, en el fondo estos pequeños arañazos solo nos hacen recordar que el verdadero dolor está ahí, aunque esté curando. Nadie nos puede hacer pasar por donde ya hemos andado.
Y como nos ha ocurrido hoy, para mi que el contador se pondrá a 0 muchas veces, y caeremos... y volveremos a caer. Porque "Adanes", "Davides" o como se llamen, hay muchos sueltos. Y nosotras somos así, tontas por naturaleza. Entregadas. Impulsivas. Más blanditas que el pan bimbo. Pero tenemos un arma infalible para sobrellevar el dolor. Tú a mí, yo a ti... y las dos a la bruja feliz.
Estamos juntas en esto. Lo estamos llevando bien juntas. Y en el futuro nos reiremos juntas de este dolor... porque hermana, aunque no queramos reconocerlo, nos vendrán otros dolores peores. Mientras tanto, siempre tendremos el whatsapp para las pequeñas crisis, y para esas conversaciones que comienzan con un "¿estás?".
Te quiero, petarda.
viernes, 18 de abril de 2014
El amor en los tiempos del desamor
Hacía días que tenía ganas de escribir en el blog. Tengo pendiente escribir sobre algunas cosas y llevo un par de semanas dándoles forma y pensando en cómo enfocarlo. Pero de repente las palabras salen solas de una mente a la que le pasan mil sensaciones por delante. Y no importa si se dice ordenada o desordenadamente. Porque eso es lo que ocurre cuando se escribe desde el corazón. Hace ya tiempo que sabíamos que estabas ausente, olvidadizo, cansado y que habías abandonado la escritura. Pero aún así, tener conocimiento de tu muerte hace que el mundo cambie completamente. Tengo la suerte de haberte leído, de haberme metido en tu mundo, de conocer Macondo, de haber conocido el amor de Florentino Ariza y Fermina Daza a través de mi propia historia de amor... y aún me quedan mil historias más por conocer, con las que prometo ir completando mi biblioteca particular. Yo no puedo escribir como tú. Necesito utilizar los puntos, algo que tú parecías desconocer y que en más de una ocasión me ha hecho repetir inmensos párrafos porque me perdía. Tengo que reconocer que mi primer contacto con el realismo mágico no fue contigo, sino con Laura Esquivel y Neruda, y que a Rulfo lo tengo pendiente (y no sé cuándo podré leerlo, la verdad), al igual que reconozco ver en tus escritos los cuadros de mi querida Remedios... pero desde que llegó a mis manos el primer libro tuyo (recomendado, regalado y hasta dedicado... tanto que ahora duerme en el fondo de algún mar) me enamoré de ti y pasaste a centrarlo todo. Habrá otros, claro que los habrá... pero estoy segura que siempre volveré a ti. Que estarás conmigo en los momentos importantes de mi vida, y pese a que ahora mismo no estés porque te llevaron, volverás a presidir la estantería.
Descansa en Paz, Gabo.
martes, 25 de marzo de 2014
A hacer puñetas
Seguimos sumando días especiales, días en que se cierran capítulos, círculos, etapas... y con cada uno de estos días, al final, se hace una vida.
Ha sido un fin de semana bonito y divertido. Mi primera boda desde que no creo en el amor. Y para ella y sus cosas singulares iba a ser este post, pero hoy el médico me da dado el alta... me ha dicho que no quiere verme aparecer más por la consulta, y que me vaya a hacer puñetas. Que sí, que está muy bien que vaya y le cuente lo bien que estoy, pero que entre la sonrisa que tengo y la alegría de mi cara, no sabe para que voy tan lejos a la hora de comer. Vamos, es su manera de decirme que esto está listo, y que se acabó la terapia.
De vuelta a casa, uno de mis discos favoritos en el coche... y de pronto sonó La Marea. Y esa letra que a lo mejor hace unos años no te decía nada, ahora le da significado a muchas cosas. Se revuelve el estómago y algunas palabras retumban en la cabeza de manera especial. ¿Como sabían estos chicos, hace un par de años o más, qué pasaba hoy en mi vida?.
Así que se acabó la terapia, pero solo en la consulta. La terapia conmigo misma, a través de la música, de los libros de Bucay, de la meditación y del Reiki no va a acabar tan pronto. Algunas, de hecho, solo acaban de empezar. Y al igual que la marea, irán yendo y viniendo y dejando su huella.
La marea me dejó arenas de plata,
que pondré en el reloj del tiempo que no pasa.
La marea me dejó islas inundadas
donde atrapar con mi red una historia de piratas.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó maromas de un barco,
algas tejidas en forma de desengaño.
La marea me dejó unas conchas sin nombre,
con que el niño hace un collar
de un alfabeto que no entiende el hombre.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó cangrejos alados,
burbujas de hielo y un libro en blanco.
La marea me dejó los versos borrados,
la tinta, un borrón, un papel mojado
domingo, 2 de marzo de 2014
Leer, escribir, vivir.
Leer es uno de los grandes privilegios de los que podemos disfrutar cuando tenemos TIEMPO. Cuando lees te transportas a otro mundo, te llenas de otras vidas, de tu propia vida... pero además, o por lo menos a mi me pasa, un libro va asociado a multitud de recuerdos. Ahora mismo tengo empezados cuatro libros, que me trasladan a cuatro situaciones, personas o recuerdos muy diferentes y concretos.
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Esta última frase me encanta; me parece clara y completa. Preguntarás, porque te conozco: "¿Y cómo se manifiestan estas trampas...?".
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Un neurótico es alguien que pasa la mitad de su vida poniéndose trampas
y la otra mitad cayendo en ellas
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
Jorge Bucay, "Cartas para Claudia", 1986.
Etiquetas:
amor,
biblioteca,
Bucay,
lectura,
libros,
pasado,
recuerdos,
superación,
terapia
viernes, 3 de enero de 2014
Cerrando círculos
Llevaba muchos días dándole vueltas al último post del año, que al final se convirtió en el primero del 2014... y aún así, pasaban los días y no me salían las palabras adecuadas. Hasta que leí este texto de Paulo Coelho y me di cuenta que todo lo que sentía ya lo había escrito él y parecía que lo había escrito dirigido directamente a mi. De hecho, este post es más para leerlo yo una y otra vez cuando lo necesite, que para nadie más (aunque lo comparto por si acaso alguien puede sentirse igual).
"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La amistad se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!"
Cerrando círculos, Paulo Coelho
viernes, 13 de diciembre de 2013
Queridos Reyes Magos...
Se acerca el final de año. La época en que los mayores hacemos repaso de lo que hemos conseguido de los objetivos que teníamos para este año, y hacemos listas de los que pretendemos hacer el año que viene.
Y mientras tanto, los más pequeños hacen sus listas de los regalos que desean que el señor gordo de rojo o los Magos de Oriente les dejen bajo el árbol de Navidad.
Este año no sé si tengo ganas de ser mayor o pequeña. He pedido por favor no abrir ni un solo regalo esta Navidad, ya que tengo la sensación de que nada material puede satisfacerme ahora mismo y sería desagradecido para quien hace el mayor de los ejercicios de generosidad, pensar en algo que te pueda gustar y emocionar y hacerlo pensando solo en ti. Por lo tanto, la ilusión material de los pequeños está claro que no la tengo.
Tampoco tengo ganas de repasar el 2013 y ver qué objetivos he cumplido y cuáles no. Es más que evidente que no ha sido el mejor año de mi vida, y si ya nos centramos en los últimos meses, entre la despedida de un ser querido y la traición y deslealtad mostrada por otro, se han venido abajo la mayoría de las ilusiones y sueños que tenía puestos para el futuro. Así que, ya haré repaso de este 2013 en otro momento.
Y para el 2014, ¿qué?. Nunca un dicho se hizo tan real, como el de "año nuevo, vida nueva". Sin trabajo y viviendo sola ya es suficiente reto sobrevivir cada día como para encima ponerse nuevos objetivos.
Así que me paso estos últimos días del año cerrando cajas llenas de recuerdos en vez de abriendo cajas de regalo. Cajas que se quedarán en un trastero hasta que el olvido las haga desaparecer. Y para entonces, seguramente los Magos de Oriente hayan pasado más de una vez por mi casa dejando el árbol lleno de cajas de ilusión.
Y mientras tanto, los más pequeños hacen sus listas de los regalos que desean que el señor gordo de rojo o los Magos de Oriente les dejen bajo el árbol de Navidad.
Este año no sé si tengo ganas de ser mayor o pequeña. He pedido por favor no abrir ni un solo regalo esta Navidad, ya que tengo la sensación de que nada material puede satisfacerme ahora mismo y sería desagradecido para quien hace el mayor de los ejercicios de generosidad, pensar en algo que te pueda gustar y emocionar y hacerlo pensando solo en ti. Por lo tanto, la ilusión material de los pequeños está claro que no la tengo.
Tampoco tengo ganas de repasar el 2013 y ver qué objetivos he cumplido y cuáles no. Es más que evidente que no ha sido el mejor año de mi vida, y si ya nos centramos en los últimos meses, entre la despedida de un ser querido y la traición y deslealtad mostrada por otro, se han venido abajo la mayoría de las ilusiones y sueños que tenía puestos para el futuro. Así que, ya haré repaso de este 2013 en otro momento.
Y para el 2014, ¿qué?. Nunca un dicho se hizo tan real, como el de "año nuevo, vida nueva". Sin trabajo y viviendo sola ya es suficiente reto sobrevivir cada día como para encima ponerse nuevos objetivos.
Así que me paso estos últimos días del año cerrando cajas llenas de recuerdos en vez de abriendo cajas de regalo. Cajas que se quedarán en un trastero hasta que el olvido las haga desaparecer. Y para entonces, seguramente los Magos de Oriente hayan pasado más de una vez por mi casa dejando el árbol lleno de cajas de ilusión.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Para Aníbal, Ventura y África
Pues ya llegó la Navidad a Sevilla... creo que antes incluso que a El Corte Inglés. Pues nada.
Y mientras la gente se acerca al centro a comprar y comprar regalos para dentro de mes y medio y toda la ciudad se llena de villancicos, belenes, paz, alegría y amor... yo entro en mi piso, por primera vez solo con mis cosas.
Se acabó el compartir vida. Impacta llegar y ver como el imán que compramos en la exposición de Hopper sigue en la nevera, mientras ha desaparecido el catálogo que compramos en el mismo Museo meses antes... cómo regalos han sido olvidados en su lugar, pero insignificantes velas sí se han repartido... cómo las copas de vino son para mí, pero las de balón son para ti... repartos, repartos y más repartos. Y esa sensación de desasosiego, de cómo se reparte el amor, me ha hecho recordar la carta que ganó el III concurso de cartas de amor Antonio Villalba.
Será que hoy estoy especialmente sensible, será que echo de menos todo lo perdido, pero al leerla una vez más, estoy de acuerdo en que ha sabido representar perfectamente la esencia de lo que son los Bienes Comunes, que es como se llama la carta.
"Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.
COSAS QUE DESEO CONSERVAR: - La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina. - El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra. - El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar. - La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos. - La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho. - El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor. - Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres. - Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).
COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ: - Los silencios. - Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina. - El sabor acre de los insultos y reproches. - La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío. - Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él. - Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle. - Jorge y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos. Por último, recordarte el n de teléfono de mi abogado para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.
Afectuosamente, Roberto."
Y mientras la gente se acerca al centro a comprar y comprar regalos para dentro de mes y medio y toda la ciudad se llena de villancicos, belenes, paz, alegría y amor... yo entro en mi piso, por primera vez solo con mis cosas.
Se acabó el compartir vida. Impacta llegar y ver como el imán que compramos en la exposición de Hopper sigue en la nevera, mientras ha desaparecido el catálogo que compramos en el mismo Museo meses antes... cómo regalos han sido olvidados en su lugar, pero insignificantes velas sí se han repartido... cómo las copas de vino son para mí, pero las de balón son para ti... repartos, repartos y más repartos. Y esa sensación de desasosiego, de cómo se reparte el amor, me ha hecho recordar la carta que ganó el III concurso de cartas de amor Antonio Villalba.
Será que hoy estoy especialmente sensible, será que echo de menos todo lo perdido, pero al leerla una vez más, estoy de acuerdo en que ha sabido representar perfectamente la esencia de lo que son los Bienes Comunes, que es como se llama la carta.
"Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.
COSAS QUE DESEO CONSERVAR: - La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina. - El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra. - El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar. - La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos. - La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho. - El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor. - Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres. - Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).
COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ: - Los silencios. - Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina. - El sabor acre de los insultos y reproches. - La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío. - Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él. - Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle. - Jorge y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos. Por último, recordarte el n de teléfono de mi abogado para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.
Afectuosamente, Roberto."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


