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miércoles, 11 de marzo de 2015

Resiliencia

Hace algo más de año y medio no tenía ni la menor idea de lo que era la palabra resiliencia. Hoy forma parte de mi vida, al igual que la meditación, el reiki, o la independencia. 

La resiliencia no es más que la capacidad del individuo para sobreponerse a situaciones adversas y al dolor emocional. Vamos, lo que toda la vida ha sido levantarse con más fuerza cuando te caes al suelo. Pero eso no significa que no se sientan las cosas o volverte de piedra. 

Resiliente sí, pero también soy una persona sentimental. A veces lloro, y me enfado, y siento que ningún esfuerzo merece la pena. Porque me duelen las cosas, los gestos, las palabras cuando salen de una persona que quiero. Y luego llegan las bromas macabras de la vida. Situaciones que te han llevado a ser resiliente, que te gustaría no volver a vivir, pero que se repiten de manera casi calcada. 

Así que es ahora cuando me toca demostrarme a mi misma que soy más fuerte, que soy capaz de tomar decisiones sin importar el dolor que (me) cause, que mi felicidad y mi objetivo son más importante que cualquier cosa. E incluso que si no consigo mi objetivo, no debo venirme abajo ni lamentarme por ello. Porque a eso me ha enseñado tener resiliencia, a sacar lo positivo de lo más bueno y también de lo más triste. Pero repito: eso no significa que sea de piedra, y que sienta que necesito llorar para desahogarme un ratito. En la intimidad, en mi soledad. 

Tengo a mi lado el mejor ejemplo de resiliencia que nadie pueda conocer. Y en él me miro y me miraré toda la vida, para sacar una sonrisa después de cada lágrima. 





miércoles, 11 de febrero de 2015

Aprendiendo a caminar

En ocasiones para ver dónde estás o qué has conseguido solo hay que parar y calibrar todo lo que has avanzado desde la última vez que miraste el camino. No viene mucho a cuento ahora hurgar más atrás de lo indispensable, pero es necesario cuando eso te ayuda a valorar lo que se va consiguiendo. 

Ahora puedo decir que estoy aprendiendo a caminar. Hace mucho mucho tiempo se me rompieron las piernas. Pensaba que con esfuerzo y voluntad había terminado una rehabilitación correcta y caminaba por la vida segura de mis pasos. Pero me equivoqué. Nunca conseguí caminar por mí misma, solo aprendí a hacerlo subida a unas muletas. Y me di cuenta precisamente hace bien poquito, cuando me las quitaron bruscamente. Entonces comprendí que nunca fui independiente, que no caminaba a mi ritmo, sino al que me marcaban las muletas. Que ese objeto era mi salvación, pero también mi perdición. Y sin ellas no tenía muchas opciones, más allá de quedarme sentada en el suelo, quizá donde más abajo había estado en toda mi vida. 

Pero me convencieron que merecía la pena levantarse. Lo malo es que no sabía como hacerlo. Lo más fácil era volver a buscar otras muletas y continuar. Pero comprendí que entonces seguiría con las piernas rotas para siempre. Así que hizo falta que los médicos operaran mis piernas, meses de tratamiento y reposo. Parar. Y sanar. Y no fue para nada una decisión fácil. 

Por eso ahora me paro, miro hacia atrás y me doy cuenta que camino sola, sin necesidad de apoyarme en nada. Hago cosas impensables hace tan solo un año. Imposibles. Y las hago yo, a mi ritmo, venciendo mis miedos cuando los tengo. Pero sin pararme. 

Queda mucho camino por delante. Y es lógico saber que cuando me caiga (que fijo que me vuelvo a caer) tengo quien me ayude a levantar, porque ir en solitario en este camino no tiene mucho sentido. Es bueno ir acompañado, pero teniendo la seguridad de que tu pasos son solo tuyos.

Todo esto ha llegado hoy a mi cabeza mientras conducía de vuelta a casa, orgullosa de haber dado otro paso más, segura de mi camino y disfrutando de momentos como este. 






sábado, 20 de diciembre de 2014

La Niebla

Después de una noche más bien tirando a toledana, una mañana cargada de dar los últimos flecos a varios trabajos, una comida de Navidad en familia, visita a la peque y cena entre hermanos... estoy absolutamente reventada. Y lo que tenía pensado escribir en el día de hoy había tomado la decisión de aplazarlo a mañana o pasado. 

Pero volvía en el coche a casa, despacito, porque apenas se veía a 30 metros, cuando he comprendido que mi vida en estos últimos meses ha estado como la carretera... rodeada de una profunda niebla. Y claro, ya me pongo metafórica. Pero es más fácil entender lo que ocurre cuando utilizamos metáforas (aún recuerdo la del perro mayor y el cachorro que me contaba Carlos en terapia una y otra vez).

Me viene a la mente una película que ví hace unos años en el cine: La Niebla de Sthepen King. Y no entiendo como no llegué a la misma metáfora antes, recordando la película. Porque prácticamente mi vida actualmente se resume en vivir una realidad rodeada de niebla. Una cortina que encierra miedos, inseguridades, angustia y a veces algo de desesperación. Y ahora me pregunto si esa niebla no la habré creado yo misma, si no es una manera de quedarme encerrada en mi 'zona de confort' donde controlo lo que tengo más cerca de mi, y lo que hay un poco más allá se pierde porque no puedo controlarlo. 

Y cada vez estoy más segura de que tras la niebla no hay mas que más y mejor vida. Y cada día me siento más fuerte para conseguir superarlo, dar cuatro pasos adelante y descubrir lo que hay detrás de ese espesor. 

Y como siempre, Benedetti lo expresa mejor que nadie... 

Me cuesta como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara 
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico
la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe
la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor
cómo cambian las cosas
en la niebla
los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven
pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú
la niebla no es olvido
sino postergación anticipada
ojalá que la espera
no desgaste mis sueños

ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro
y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas




martes, 16 de diciembre de 2014

Mañana será otro día

Hay días que sería mejor no levantarse de la cama. Ya me pasó uno este verano cuando amaneció mi fregadero por los suelos y todos los platos que había dejado en su interior rotos... era una clara señal de que no debía despertar y seguir añadiendo malas noticias al día. Pero esa vez era viernes, así que algo de alegría había en el ambiente, y por lo menos se arregló.

Pero esta vez no. Lunes, puñetero lunes. Un lunes donde tal como decía Murphy "todo lo que podía ir mal, fue mal".  Desde las mismas 8:00 de la mañana he ido sumando un revés tras otro. Y ahora, al final del día, solo puedo sentarme a escribir un poco antes de ir a dormir y volver a la cama de la que no debí salir esta mañana.

Hoy hace 75 años que se estrenó una de mis películas favoritas, "Lo que el viento se llevó", y hoy más que nunca me voy a dormir con la frase de Escarlata  O`Hara cuando las cosas no le podían ir peor: "después de todo... mañana será otro día". 

Porque esa es la actitud. Escarlata era una mujer orgullosa, arisca, testaruda y caprichosa. Muy como yo. Pero también era curranta, decidida, valiente, dulce, cariñosa y luchadora. Muy como yo. Y es que, aún cuando te quedas sola y sin saber qué va a ser de ti en el futuro, se tiene que tener la cabeza fría para pensar: ahora voy a ir a dormir, descansaré, y mañana que se prepare el mundo que allá voy y no va a poder conmigo.

Y en esas estamos. Mañana me sentiré más valorada, más querida, más afortunada.

Mañana será otro día. 




sábado, 21 de junio de 2014

730 amaneceres

De verdad que sigo sin saber si el tiempo pasa lento o deprisa. Hoy hace 730 días que firmé, ilusionada y enamorada como una estúpida, el que pensé que era el paso más importante de mi vida. Una firma que me ligaba a un futuro prometedor con la persona que más quería, en un lugar que sería solo para los dos y donde podíamos formar una familia. JA!. Efectivamente lo que unía esa firma es mucho más difícil de romper que la ilusión, la confianza o el amor... todos ellos ya se fueron hace mucho, pero la dichosa hipoteca va a dar quebraderos de cabeza muchos meses más. 



El 21 de junio de 2012 entré por primera vez en el (entonces nuestro) piso donde vivo sola desde hace casi un año. Desde ese mismo momento comencé a superar muchos miedos. El primero, el miedo a la convivencia, que tanto me asustaba por mi fracaso anterior. Miedo superado, porque pese a todo lo que ocurrió después, sé a ciencia cierta que no fue la convivencia lo que metió a nadie más entre nosotros. Después llegó el miedo a vivir sola. Miedo más que superado. Vale que sigo siendo un desastre en la organización de comidas y que quedarse dormida en el sofá no es lo más recomendable... pero las pesadillas y la ansiedad por no poder dormir sola ni siquiera han entrado por la puerta. 

Y hoy toca superar otro miedo: el miedo a volar sola. Fue un impulso comprar ese billete de avión que me va a llevar por primera vez fuera de España. Un reto que ni pensé. Tan solo vi la oportunidad y me dije, hazlo. Y casualidades, el vuelo era para el 21 de junio. Me di cuenta semanas después de comprarlo. Es como cerrar un círculo: hace dos años comenzó una etapa llena de ilusión que se acabó con un viaje, y hoy a lo mejor comienza otra con este. No lo sé porque ya no me planteo el futuro tanto como antes, ni realmente tengo esa necesidad de controlar cada cosa que vaya a pasar... pero quien sabe si la coincidencia de fechas quiere decir algo. Que yo siempre digo que no, pero la numerología tiene estas cosas. 

Además, después de semanas de un sol espléndido, hoy se ha levantado el cielo negro y ha caído una tormenta de aúpa. Con los recuerdos que a mi me trae la lluvia. Pero cuando he mirado por la ventana como caía el agua no me vinieron a mi cabeza mensajes del pasado, si no solo un pensamiento: "que el piloto sepa despegar con lluvia, por favor". 

Porque realmente eso ahora es lo único que me importa. Comenzar otra etapa. Tener otro miedo superado. 

Florencia, allá voy.


jueves, 15 de mayo de 2014

¿Estás?

Dolor: [experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial del tejido] 

Dolor del corazón: [                                                         ]


Pues no lo puedo explicar. Yo creo que eso solo lo sabemos los que lo hemos pasado. Es como una sensación de ir a morir, de que te falte el aire, que te duele cada poro de la piel. Con el desamor descubres donde está el alma porque hasta eso te duele. Es como una herida abierta que nunca cicatriza. Cuando menos te lo esperas, un esfuerzo, por pequeño que sea, vuelve a removerlo todo y a mandar el proceso de curación al comienzo, como en el Juego de la Oca. 

Pero incluso cuando el contador se pone a 0 de nuevo, ya hemos aprendido algo. Llegará el día que la herida está cerrada y el dolor amaine, pero probablemente nunca desaparezca del todo, y eso nos haga recordar el camino que hemos recorrido para no caer en los mismos errores. 

Hermana, bruja, tesoro... te aseguro que nos van a volver a hacer "daño" pero eso solo significa que nuestra herida abierta no ocupa todo nuestro ser, y que aún queda piel donde pueden arañarnos. Reconozcámoslo, en el fondo estos pequeños arañazos solo nos hacen recordar que el verdadero dolor está ahí, aunque esté curando. Nadie nos puede hacer pasar por donde ya hemos andado. 

Y como nos ha ocurrido hoy, para mi que el contador se pondrá a 0 muchas veces, y caeremos... y volveremos a caer. Porque "Adanes", "Davides" o como se llamen, hay muchos sueltos. Y nosotras somos así, tontas por naturaleza. Entregadas. Impulsivas. Más blanditas que el pan bimbo. Pero tenemos un arma infalible para sobrellevar el dolor. Tú a mí, yo a ti... y las dos a la bruja feliz. 

Estamos juntas en esto. Lo estamos llevando bien juntas. Y en el futuro nos reiremos juntas de este dolor... porque hermana, aunque no queramos reconocerlo, nos vendrán otros dolores peores. Mientras tanto, siempre tendremos el whatsapp para las pequeñas crisis, y para esas conversaciones que comienzan con un "¿estás?". 

Te quiero, petarda. 




martes, 25 de marzo de 2014

A hacer puñetas


Seguimos sumando días especiales, días en que se cierran capítulos, círculos, etapas... y con cada uno de estos días, al final, se hace una vida.

Ha sido un fin de semana bonito y divertido. Mi primera boda desde que no creo en el amor. Y para ella y sus cosas singulares iba a ser este post, pero hoy el médico me da dado el alta... me ha dicho que no quiere verme aparecer más por la consulta, y que me vaya a hacer puñetas. Que sí, que está muy bien que vaya y le cuente lo bien que estoy, pero que entre la sonrisa que tengo y la alegría de mi cara, no sabe para que voy tan lejos a la hora de comer. Vamos, es su manera de decirme que esto está listo, y que se acabó la terapia. 

De vuelta a casa, uno de mis discos favoritos en el coche... y de pronto sonó La Marea. Y esa letra que a lo mejor hace unos años no te decía nada, ahora le da significado a muchas cosas. Se revuelve el estómago y algunas palabras retumban en la cabeza de manera especial. ¿Como sabían estos chicos, hace un par de años o más, qué pasaba hoy en mi vida?.

Así que se acabó la terapia, pero solo en la consulta. La terapia conmigo misma, a través de la música, de los libros de Bucay, de la meditación y del Reiki no va a acabar tan pronto. Algunas, de hecho, solo acaban de empezar. Y al igual que la marea, irán yendo y viniendo y dejando su huella.




La marea me dejó arenas de plata,

que pondré en el reloj del tiempo que no pasa.
La marea me dejó islas inundadas
donde atrapar con mi red una historia de piratas.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó maromas de un barco,
algas tejidas en forma de desengaño.
La marea me dejó unas conchas sin nombre,
con que el niño hace un collar
de un alfabeto que no entiende el hombre.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó cangrejos alados,
burbujas de hielo y un libro en blanco.
La marea me dejó los versos borrados,
la tinta, un borrón, un papel mojado


martes, 18 de marzo de 2014

Proyecto Corre

Hace casi dos años que mi madre me contó que había un chico, el hijo de un compañero de trabajo, que tenía leucemia y que necesitaba un donante de médula, que a ver si nos podríamos hacer las pruebas. Desde ese mismo día, que fuimos al Centro Regional de Transfusión Sanguínea, y que viví en mis propias venas lo fácil que es inscribirse en el Registro de Donantes de Médula Ósea y poder algún día salvar una vida, tengo como reto contar en todos los sitios posibles mi experiencia, y las de otros que pasan por este proceso tan duro. 

Para todos aquellos que quieran informarse o saber cómo pueden salvar una vida con algo tan sencillo como donar sangre, que se pasen por la pagina de la Fundación Carreras y lean como con un simple pinchacito pueden dar esperanza a muchos pacientes que lo pasan mal.

Podría hablar de ello páginas y páginas, pero me centro en lo que quería contar. Una vez que me informé sobre este tema, los pacientes, sus historias, cuánto podríamos ayudar si hubiera toda la información necesaria... me propuse difundir a todo el mundo la importancia de conocer a la Fundación Carreras. Y un día desde su página llegué a la vida de Guzmán. Bueno, mejor dicho, Guzmán entró en mi vida. Su padre, José, había empezado a escribir un blog cuando Guzmán se puso malito, y nos contaba prácticamente en tiempo real el proceso de curación de un superhéroe como él y cómo afectaba a toda la familia y al entorno la realidad de una leucemia infantil. 

Poco a poco fui entrando de lleno en esta enfermedad. Sufría con ellos sus recaídas, sus avances, sus días buenos y malos. Guzmán se convirtió en alguien que formaba parte de mi día a día, quizá la primera persona que he querido sin conocerla, sin hablar con ella y sin que supiera de mi existencia. Por ello cuando pusieron en marcha su Fundación Uno entre Cien Mil supe que tenía que colaborar de alguna manera. Y aunque siempre digo que correr es de cobardes, no tardé ni una semana en comprar mi dorsal de su Proyecto Corre

Y no sólo yo, también conseguí que otra persona comprara el suyo... y al cabo del tiempo, también conseguí que él se inscribiera en el Registro de Donantes de Médula Ósea. Si desde esta humilde página, que nace como terapia personal y que no estaba pensada para que viera nadie, pero que a día de hoy tiene visitas desde más de un rinconcito, puedo colaborar en aumentar en una sola persona más los colaboradores del Proyecto Corre me sentiré más que satisfecha. 

Porque hace año y pico comencé a ser #unoentrecienmil, ahora este blog se convierte, hoy 18 de marzo, en un #blogentrecienmil




martes, 11 de marzo de 2014

Happy

¿Es posible que haya un día en que TODO vaya bien?

Pues francamente, no. Pero cuando al final de un día te sientes satisfecha, y llega el siguiente y sigues satisfecha, y tras otro más te felicitan y ríes y te sientes bien... pues has de reconocer que lo que estás viviendo es lo más parecido a un momento feliz. 

Y aunque en algún momento del día haya malas noticias, sepas que alguien que te quiere está triste y no puedas evitarlo, o intenten quitarte la sonrisa de cara con un tironcillo del móvil... cuando tienes ganas de saltar, gritar y reír a carcajadas... a ver quien para. 

Esperemos que el día de mañana no traiga pasos atrás. Adelante, siempre adelante. 





domingo, 2 de marzo de 2014

Leer, escribir, vivir.

Leer es uno de los grandes privilegios de los que podemos disfrutar cuando tenemos TIEMPO. Cuando lees te transportas a otro mundo, te llenas de otras vidas, de tu propia vida... pero además, o por lo menos a mi me pasa, un libro va asociado a multitud de recuerdos. Ahora mismo tengo empezados cuatro libros, que me trasladan a cuatro situaciones, personas o recuerdos muy diferentes y concretos. 

"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más. 

"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa. 

"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí. 

Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal. 

Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad). 

"Claudette:

Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos. 
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio. 
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha. 
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico. 
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito. 
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
     Es alguien a quien le pasan las cosas
     Es un disconforme permanente
     Es un manipulador de los demás y de sí mismo


Un neurótico es alguien que pasa la mitad de su vida poniéndose trampas 
y la otra mitad cayendo en ellas

Esta última frase me encanta; me parece clara y completa. Preguntarás, porque te conozco: "¿Y cómo se manifiestan estas trampas...?".
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas: 
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.

1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España. 
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo. 
      Proceso significa tiempo y cambio. 
      Crecimiento significa expansión del Yo.
      Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
      Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones

2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace. 
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano. 

3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré. 
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión. 
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella. 
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión. 
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él. 
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad. 
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones. 

4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
 Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural. 

A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes. 
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."


Jorge Bucay, "Cartas para Claudia", 1986.

viernes, 14 de febrero de 2014

Tiempo

En los últimos meses he escuchado muchas frases relacionadas con uno de los factores que no puedo controlar en mi vida: el TIEMPO. 

Me han dicho que el TIEMPO todo lo cura, que todo es cuestión de TIEMPO, que eTIEMPO pone a cada uno en su sitio, que con el TIEMPO te das cuenta... Y todo eso es verdad, pero lo realmente verdadero es que el TIEMPO no espera por nadie, y que el TIEMPO no le da TIEMPO al TIEMPO, así que cada día que pasa es un día que ya no recuperas y que no puedes volver a vivir. 

Conozco mi pasado, sé cuál es mi presente, pero desconozco qué ocurrirá en el futuro, cuánto TIEMPO me queda por delante para disfrutar de todo lo bueno y malo que me rodea, y aunque a veces lo que más apetece es simplemente ver pasar los días y que llegue ya ese momento en que el TIEMPO haya hecho su labor anestésica, me pregunto si me podría perdonar el perder meses de mi vida, perder lo único que no puedo controlar: mi TIEMPO. 

Hacer planes genera ilusión, pero hacerlos sabiendo que pueden no llegar nunca hace que el día que los cumples sean aún más disfrutados. Yo he aprendido a no hacer planes (aunque por culpa de más de uno ya tengo fechas apuntadas para la agenda de 2015), a vivir el día de hoy sin pensar en mañana, a no escribir en la agenda más allá del mes próximo, a asumir que lo que tenga que venir, vendrá... pero también he aprendido que si me quedo esperando pasará de largo y que si dejo pasar los días al final no habré ganado, sólo habré perdido mi TIEMPO. 

Y mi TIEMPO es mi aliado, a la vez que mi enemigo... al igual que la distancia. A veces siento que necesito la distancia más aún que el aire... pero eso será motivo de otro post.




"...Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, 
añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba, ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…"
Jorge Luis Borges







viernes, 3 de enero de 2014

Cerrando círculos

Llevaba muchos días dándole vueltas al último post del año, que al final se convirtió en el primero del 2014... y aún así, pasaban los días y no me salían las palabras adecuadas. Hasta que leí este texto de Paulo Coelho y me di cuenta que todo lo que sentía ya lo había escrito él y parecía que lo había escrito dirigido directamente a mi. De hecho, este post es más para leerlo yo una y otra vez cuando lo necesite, que para nadie más (aunque lo comparto por si acaso alguien puede sentirse igual). 

"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La amistad se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! 

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. 

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. 

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!" 

Cerrando círculos, Paulo Coelho