Termino el domingo dándole demasiado al coco. Alguien este fin de semana me ha dicho "yo te veo una mujer fuerte, segura de ti misma, que puedes tener lo que quieras y a quien quieras a tu lado". Es alguien que conozco desde hace tiempo, pero que no me conoce demasiado, que solo me ha visto en algunas ocasiones aunque hayamos conectado mucho. Pude tener la oportunidad de contarle un poco mi situación actual y cómo estos últimos dos años han sido una montaña rusa emocional, cómo recuperar la capacidad de sentir se está convirtiendo en todo un desafío. Y me encontré con la sorpresa de que genero una imagen totalmente alejada de la realidad en la que vivo.
Me encantaría verme a mi a través de sus ojos porque yo no encuentro el camino para poder verme así. Y lo peor es que si de cara al exterior aparento esa "fortaleza", más dura es aún la caída cuando llego a casa y me rompo.
Reconozco que he recaído en mi recuperación. Los meses pasan, la estabilidad no llega y todos los frentes siguen abiertos, tanto a nivel laboral como personal.
La búsqueda infructuosa de un empleo estable, la precariedad económica y el sentirme desaprovechada profesionalmente cuando sé de sobra que valgo para trabajar en gestión cultural, está generando un poso de desánimo en mí que me mina desde dentro. Busco más y más formación para poder acceder a un mercado laboral que lo que solicita es experiencia... y la mía parece ser que no vale. Remar y remar para no encontrar puerto alguno en la travesía.
A nivel personal se unen multitud de cosas. Tampoco soy capaz de encontrar una estabilidad emocional. Lo único que sé a ciencia cierta es que he conseguido recuperarme del dolor del desamor, pese a las noticias inesperadas y que no todos lo crean. Y hasta he vuelto a querer. Pero cuando el recuerdo, el miedo y la inseguridad te martillean permanentemente en la cabeza, los momentos buenos no consiguen abrirse camino con facilidad. He tenido muchos momentos buenos últimamente... pero no consigo que éstos se fijen, ni mucho menos que vislumbren que sea algo que permanezca en el futuro, ni siquiera soy capaz de inspirar amor en nadie (y ya decía Benedetti que "para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener la conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor"). A veces lo más fácil es quedarse con la parte buena de las cosas, con la comodidad, con aquello que es capaz de sacarte una sonrisa... y apartar las complicaciones, evitar el enfrentamiento de cara con los problemas y aplazar conversaciones y la toma de decisiones. Un conformismo que nunca ha ido conmigo y en el que cada vez me siento peligrosamente más cómoda.
Pero esa actitud irremediablemente me lleva al fracaso. Porque así nunca cumpliré mis deseos de volver a enamorarme, de tener mi familia y ser madre. Seguiré cumpliendo años y los sueños se irán desvaneciendo. Y yo no me merezco eso.
Sé que tengo que ser como me ven desde fuera. Tengo que ser fuerte, segura, con metas y objetivos, independiente, y que esto me convertirá en alguien atractiva para quien merezca mi amor. Pero a día de hoy es todo lo contrario a como me siento.
No hay que ser demasiado listo para saber que en el futuro cercano se avecinan cambios, y parece no demasiados agradables o fáciles todos ellos. Quizá sea lo que tiene que pasar. Quizá fuera lo que tenía que haber pasado ya hace tiempo. Se avecinan cambios, porque toda crisis o recaída tiene que llevar unos cambios asociados. Si no fuera así, me quedaría bloqueada y estancada en una situación indesable. Tengo que conseguir ser yo quien tome decisiones, y no actuar siempre en respuesta a las decisiones de otros.
De primeras voy a intentar llegar a mi 34 cumpleaños con un examen de conciencia bien hecho, un listado de todo lo que quiero y decidir qué está en mi mano comenzar desde ya a cambiar. Seguiremos informando.
A veces la vida te pone a prueba. El desamor no es quizá la más dura de todas pero sí un buen momento para parar, pensar y retomar las riendas de tu vida. Superar una ruptura inesperada nunca es fácil, así que para mi comienza una nueva etapa de búsqueda. Y para ello cuento con la ayuda permanente de la poesía y de Benedetti, que una vez escribió: 'para vos no es novedad que el mundo y yo te queremos de veras, pero yo siempre un poquito más que el mundo'
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lunes, 17 de agosto de 2015
miércoles, 11 de febrero de 2015
Aprendiendo a caminar
En ocasiones para ver dónde estás o qué has conseguido solo hay que parar y calibrar todo lo que has avanzado desde la última vez que miraste el camino. No viene mucho a cuento ahora hurgar más atrás de lo indispensable, pero es necesario cuando eso te ayuda a valorar lo que se va consiguiendo.
Ahora puedo decir que estoy aprendiendo a caminar. Hace mucho mucho tiempo se me rompieron las piernas. Pensaba que con esfuerzo y voluntad había terminado una rehabilitación correcta y caminaba por la vida segura de mis pasos. Pero me equivoqué. Nunca conseguí caminar por mí misma, solo aprendí a hacerlo subida a unas muletas. Y me di cuenta precisamente hace bien poquito, cuando me las quitaron bruscamente. Entonces comprendí que nunca fui independiente, que no caminaba a mi ritmo, sino al que me marcaban las muletas. Que ese objeto era mi salvación, pero también mi perdición. Y sin ellas no tenía muchas opciones, más allá de quedarme sentada en el suelo, quizá donde más abajo había estado en toda mi vida.
Pero me convencieron que merecía la pena levantarse. Lo malo es que no sabía como hacerlo. Lo más fácil era volver a buscar otras muletas y continuar. Pero comprendí que entonces seguiría con las piernas rotas para siempre. Así que hizo falta que los médicos operaran mis piernas, meses de tratamiento y reposo. Parar. Y sanar. Y no fue para nada una decisión fácil.
Por eso ahora me paro, miro hacia atrás y me doy cuenta que camino sola, sin necesidad de apoyarme en nada. Hago cosas impensables hace tan solo un año. Imposibles. Y las hago yo, a mi ritmo, venciendo mis miedos cuando los tengo. Pero sin pararme.
Queda mucho camino por delante. Y es lógico saber que cuando me caiga (que fijo que me vuelvo a caer) tengo quien me ayude a levantar, porque ir en solitario en este camino no tiene mucho sentido. Es bueno ir acompañado, pero teniendo la seguridad de que tu pasos son solo tuyos.
Todo esto ha llegado hoy a mi cabeza mientras conducía de vuelta a casa, orgullosa de haber dado otro paso más, segura de mi camino y disfrutando de momentos como este.
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miércoles, 31 de diciembre de 2014
Balance final de liquidación
Manda la tradición acabar el año mirando hacia atrás y haciendo balance del 2014. El año pasado me lo salté, y dije que ya valoraría el 2013 más adelante. Ahora en realidad pienso que no merece la pena mirar más hacia atrás, seguir hacia delante es lo mejor que puedo hacer, y es lo que he hecho estos doce meses pasados. Aunque es gracioso que, por razones exclusivamente burocráticas que me tienen un poco hasta el gorro, llevo varios días llevando arriba y abajo un "balance final de liquidación" que no son más que números que sustituyen ilusiones, trabajos, noches en vela y apretones de mano. No me gustaría que mi balance final de año se quedaran en meros números, porque han pasado tantas cosas buenas...
En realidad, comencé el año sin ninguna expectativa. Aturdida y algo espesita, no pensaba que la nueva situación fuera a traer nada nuevo, y sobre todo, nada bueno. Pero como suele suceder, cuando esperas mucho de algo/alguien las probabilidades de decepcionarte aumentan, y cuando no esperas nada de nada/nadie, hasta lo más pequeño puede sorprenderte.
Ha sido un año de reencuentros con personas que espero ya no se vayan nunca más de mi lado. Pase lo que pase y aunque nuestras vidas tengan caminos distintos, espero que encontremos siempre ese ratito para conversar (físicamente o por Skype), para seguir sabiendo unos de otros, para estar siempre cuando el otro lo necesite, para reír y llorar juntos o para simplemente saber que estamos ahí.
Ha sido un año de descubrimientos y conocimientos. De primeras veces. De primeras miradas. He conocido a gente que me ha empujado a la vida y me ha hecho vivir más de noche que de día, pero VIVIR con mayúsculas. Gente con quien hoy despido el año y saludo al año nuevo, porque ese momento no puede ser para nadie más que para ellos. 12 meses de momentos inolvidables, de conciertos que jamás olvidaré, de un cumpleaños gitano que ni soñado pudo ser mejor, de las sesiones de Reiki, de horas y horas de "akelarres whatsapperos" de la boda más especial de los últimos años, de un verano que tiene hasta banda sonora...
Un verano de los que se te quedan grabados para siempre en la cabeza. Mi primera aventura en solitario, llena de momentos de añoranza, pero afianzando aquello que llevaba meses trabajando. La certeza de yo puedo hacer lo que no creía que era capaz, y que espero que continúe siendo así en el futuro. Un verano donde la playa ha sido mi lugar más habitual. Ya fuera en unas costas o en otras, tengo mi retina llena de amaneceres y atardeceres (vale, la cámara del móvil también) y esos momentos no hay forma de compartirlos porque ni la más bella fotografía puede compararse a la contemplación de la Naturaleza. Un verano fácil de recordar porque el color que cogió mi piel no lo tenía desde que era una enana, y que mi cuerpo aún se encarga de marcar.
Pero sin duda ha sido el año, y no he escrito este post hasta hoy por no gafarlo a última hora y tener que tragarme mis palabras, en que no hemos tenido que despedirnos de nadie. Hemos conocido despedidas cercanas, y no por ello no han sido dolorosas, pero hacía años que, por unas cosas o por otras, no decíamos adiós al año siendo los mismos que lo comenzamos. Como 31 de diciembre tengo en mi recuerdo a personas especiales que ya no están. Tengo que dar mil gracias de no haber tenido que despedir a un compañero que ha pasado por un bache hace poquitos días. Pero en definitiva, en este año de falta de trabajo, de amor más bien poco repartido, y de dinero casi inexistente, de salud hemos andado bastante bien servidos. Y así, los males son menos males.
Aunque en realidad, los que despedimos este 2014 no somos los mismos que lo empezamos, porque hace poco más de un mes que compartimos espacio con la personita más querida de nuestra casa. Estrenamos este año con nuevos títulos de papá, abuelos y tíos, esperando unos Reyes Magos que vuelven a tener la magia especial que genera un pequeño en la casa. Siempre recordaremos este año como el que conocimos a Cristina. Poco más de un mes y es difícil imaginar la vida sin ella.
Sería injusto ponerle peros a este año con todo lo bueno que me ha dado. Podría pedirle muchas cosas al 2015 y hacer mil propósitos de año nuevo, pero corro el riesgo de volver a desilusionarme y a no cumplir nada. Así que me dejo llevar por lo que traigan los próximos 12 meses, y ya haremos balance cuando acabe.
Mientras tanto... me quedo con Lori Meyers.
...fin de partida y los descartes se me acaban,
difícil es si la baraja está marcada,
pero tenía un comodín que me guardaba,
hasta otra manga la partida está ganada.
Que en mi vida no ha cambiado nunca nada,
que cambio siempre solo bastos por espadas
es para enloquecer...
-Castillo de naipes, "Cuando el destino nos alcance" (2010)-
sábado, 20 de diciembre de 2014
La Niebla
Después de una noche más bien tirando a toledana, una mañana cargada de dar los últimos flecos a varios trabajos, una comida de Navidad en familia, visita a la peque y cena entre hermanos... estoy absolutamente reventada. Y lo que tenía pensado escribir en el día de hoy había tomado la decisión de aplazarlo a mañana o pasado.
Pero volvía en el coche a casa, despacito, porque apenas se veía a 30 metros, cuando he comprendido que mi vida en estos últimos meses ha estado como la carretera... rodeada de una profunda niebla. Y claro, ya me pongo metafórica. Pero es más fácil entender lo que ocurre cuando utilizamos metáforas (aún recuerdo la del perro mayor y el cachorro que me contaba Carlos en terapia una y otra vez).
Me viene a la mente una película que ví hace unos años en el cine: La Niebla de Sthepen King. Y no entiendo como no llegué a la misma metáfora antes, recordando la película. Porque prácticamente mi vida actualmente se resume en vivir una realidad rodeada de niebla. Una cortina que encierra miedos, inseguridades, angustia y a veces algo de desesperación. Y ahora me pregunto si esa niebla no la habré creado yo misma, si no es una manera de quedarme encerrada en mi 'zona de confort' donde controlo lo que tengo más cerca de mi, y lo que hay un poco más allá se pierde porque no puedo controlarlo.
Y cada vez estoy más segura de que tras la niebla no hay mas que más y mejor vida. Y cada día me siento más fuerte para conseguir superarlo, dar cuatro pasos adelante y descubrir lo que hay detrás de ese espesor.
Y como siempre, Benedetti lo expresa mejor que nadie...
Me cuesta como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico
serían de un fantasma melancólico
la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe
nadie diría que la crueldad existe
la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor
una pálida mancha de rencor
cómo cambian las cosas
en la niebla
en la niebla
los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven
pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú
la niebla no es olvido
sino postergación anticipada
sino postergación anticipada
ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro
y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas
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jueves, 15 de mayo de 2014
¿Estás?
Dolor: [experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial del tejido]
Dolor del corazón: [ ]
Pues no lo puedo explicar. Yo creo que eso solo lo sabemos los que lo hemos pasado. Es como una sensación de ir a morir, de que te falte el aire, que te duele cada poro de la piel. Con el desamor descubres donde está el alma porque hasta eso te duele. Es como una herida abierta que nunca cicatriza. Cuando menos te lo esperas, un esfuerzo, por pequeño que sea, vuelve a removerlo todo y a mandar el proceso de curación al comienzo, como en el Juego de la Oca.
Pero incluso cuando el contador se pone a 0 de nuevo, ya hemos aprendido algo. Llegará el día que la herida está cerrada y el dolor amaine, pero probablemente nunca desaparezca del todo, y eso nos haga recordar el camino que hemos recorrido para no caer en los mismos errores.
Hermana, bruja, tesoro... te aseguro que nos van a volver a hacer "daño" pero eso solo significa que nuestra herida abierta no ocupa todo nuestro ser, y que aún queda piel donde pueden arañarnos. Reconozcámoslo, en el fondo estos pequeños arañazos solo nos hacen recordar que el verdadero dolor está ahí, aunque esté curando. Nadie nos puede hacer pasar por donde ya hemos andado.
Y como nos ha ocurrido hoy, para mi que el contador se pondrá a 0 muchas veces, y caeremos... y volveremos a caer. Porque "Adanes", "Davides" o como se llamen, hay muchos sueltos. Y nosotras somos así, tontas por naturaleza. Entregadas. Impulsivas. Más blanditas que el pan bimbo. Pero tenemos un arma infalible para sobrellevar el dolor. Tú a mí, yo a ti... y las dos a la bruja feliz.
Estamos juntas en esto. Lo estamos llevando bien juntas. Y en el futuro nos reiremos juntas de este dolor... porque hermana, aunque no queramos reconocerlo, nos vendrán otros dolores peores. Mientras tanto, siempre tendremos el whatsapp para las pequeñas crisis, y para esas conversaciones que comienzan con un "¿estás?".
Te quiero, petarda.
Dolor del corazón: [ ]
Pues no lo puedo explicar. Yo creo que eso solo lo sabemos los que lo hemos pasado. Es como una sensación de ir a morir, de que te falte el aire, que te duele cada poro de la piel. Con el desamor descubres donde está el alma porque hasta eso te duele. Es como una herida abierta que nunca cicatriza. Cuando menos te lo esperas, un esfuerzo, por pequeño que sea, vuelve a removerlo todo y a mandar el proceso de curación al comienzo, como en el Juego de la Oca.
Pero incluso cuando el contador se pone a 0 de nuevo, ya hemos aprendido algo. Llegará el día que la herida está cerrada y el dolor amaine, pero probablemente nunca desaparezca del todo, y eso nos haga recordar el camino que hemos recorrido para no caer en los mismos errores.
Hermana, bruja, tesoro... te aseguro que nos van a volver a hacer "daño" pero eso solo significa que nuestra herida abierta no ocupa todo nuestro ser, y que aún queda piel donde pueden arañarnos. Reconozcámoslo, en el fondo estos pequeños arañazos solo nos hacen recordar que el verdadero dolor está ahí, aunque esté curando. Nadie nos puede hacer pasar por donde ya hemos andado.
Y como nos ha ocurrido hoy, para mi que el contador se pondrá a 0 muchas veces, y caeremos... y volveremos a caer. Porque "Adanes", "Davides" o como se llamen, hay muchos sueltos. Y nosotras somos así, tontas por naturaleza. Entregadas. Impulsivas. Más blanditas que el pan bimbo. Pero tenemos un arma infalible para sobrellevar el dolor. Tú a mí, yo a ti... y las dos a la bruja feliz.
Estamos juntas en esto. Lo estamos llevando bien juntas. Y en el futuro nos reiremos juntas de este dolor... porque hermana, aunque no queramos reconocerlo, nos vendrán otros dolores peores. Mientras tanto, siempre tendremos el whatsapp para las pequeñas crisis, y para esas conversaciones que comienzan con un "¿estás?".
Te quiero, petarda.
martes, 25 de marzo de 2014
A hacer puñetas
Seguimos sumando días especiales, días en que se cierran capítulos, círculos, etapas... y con cada uno de estos días, al final, se hace una vida.
Ha sido un fin de semana bonito y divertido. Mi primera boda desde que no creo en el amor. Y para ella y sus cosas singulares iba a ser este post, pero hoy el médico me da dado el alta... me ha dicho que no quiere verme aparecer más por la consulta, y que me vaya a hacer puñetas. Que sí, que está muy bien que vaya y le cuente lo bien que estoy, pero que entre la sonrisa que tengo y la alegría de mi cara, no sabe para que voy tan lejos a la hora de comer. Vamos, es su manera de decirme que esto está listo, y que se acabó la terapia.
De vuelta a casa, uno de mis discos favoritos en el coche... y de pronto sonó La Marea. Y esa letra que a lo mejor hace unos años no te decía nada, ahora le da significado a muchas cosas. Se revuelve el estómago y algunas palabras retumban en la cabeza de manera especial. ¿Como sabían estos chicos, hace un par de años o más, qué pasaba hoy en mi vida?.
Así que se acabó la terapia, pero solo en la consulta. La terapia conmigo misma, a través de la música, de los libros de Bucay, de la meditación y del Reiki no va a acabar tan pronto. Algunas, de hecho, solo acaban de empezar. Y al igual que la marea, irán yendo y viniendo y dejando su huella.
La marea me dejó arenas de plata,
que pondré en el reloj del tiempo que no pasa.
La marea me dejó islas inundadas
donde atrapar con mi red una historia de piratas.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó maromas de un barco,
algas tejidas en forma de desengaño.
La marea me dejó unas conchas sin nombre,
con que el niño hace un collar
de un alfabeto que no entiende el hombre.
Tu marea me dejó la piel cuarteada,
la miel en los labios, las piernas enterradas.
La marea me dejó cangrejos alados,
burbujas de hielo y un libro en blanco.
La marea me dejó los versos borrados,
la tinta, un borrón, un papel mojado
domingo, 2 de marzo de 2014
Leer, escribir, vivir.
Leer es uno de los grandes privilegios de los que podemos disfrutar cuando tenemos TIEMPO. Cuando lees te transportas a otro mundo, te llenas de otras vidas, de tu propia vida... pero además, o por lo menos a mi me pasa, un libro va asociado a multitud de recuerdos. Ahora mismo tengo empezados cuatro libros, que me trasladan a cuatro situaciones, personas o recuerdos muy diferentes y concretos.
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Esta última frase me encanta; me parece clara y completa. Preguntarás, porque te conozco: "¿Y cómo se manifiestan estas trampas...?".
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Un neurótico es alguien que pasa la mitad de su vida poniéndose trampas
y la otra mitad cayendo en ellas
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
Jorge Bucay, "Cartas para Claudia", 1986.
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