Termino el domingo dándole demasiado al coco. Alguien este fin de semana me ha dicho "yo te veo una mujer fuerte, segura de ti misma, que puedes tener lo que quieras y a quien quieras a tu lado". Es alguien que conozco desde hace tiempo, pero que no me conoce demasiado, que solo me ha visto en algunas ocasiones aunque hayamos conectado mucho. Pude tener la oportunidad de contarle un poco mi situación actual y cómo estos últimos dos años han sido una montaña rusa emocional, cómo recuperar la capacidad de sentir se está convirtiendo en todo un desafío. Y me encontré con la sorpresa de que genero una imagen totalmente alejada de la realidad en la que vivo.
Me encantaría verme a mi a través de sus ojos porque yo no encuentro el camino para poder verme así. Y lo peor es que si de cara al exterior aparento esa "fortaleza", más dura es aún la caída cuando llego a casa y me rompo.
Reconozco que he recaído en mi recuperación. Los meses pasan, la estabilidad no llega y todos los frentes siguen abiertos, tanto a nivel laboral como personal.
La búsqueda infructuosa de un empleo estable, la precariedad económica y el sentirme desaprovechada profesionalmente cuando sé de sobra que valgo para trabajar en gestión cultural, está generando un poso de desánimo en mí que me mina desde dentro. Busco más y más formación para poder acceder a un mercado laboral que lo que solicita es experiencia... y la mía parece ser que no vale. Remar y remar para no encontrar puerto alguno en la travesía.
A nivel personal se unen multitud de cosas. Tampoco soy capaz de encontrar una estabilidad emocional. Lo único que sé a ciencia cierta es que he conseguido recuperarme del dolor del desamor, pese a las noticias inesperadas y que no todos lo crean. Y hasta he vuelto a querer. Pero cuando el recuerdo, el miedo y la inseguridad te martillean permanentemente en la cabeza, los momentos buenos no consiguen abrirse camino con facilidad. He tenido muchos momentos buenos últimamente... pero no consigo que éstos se fijen, ni mucho menos que vislumbren que sea algo que permanezca en el futuro, ni siquiera soy capaz de inspirar amor en nadie (y ya decía Benedetti que "para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener la conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor"). A veces lo más fácil es quedarse con la parte buena de las cosas, con la comodidad, con aquello que es capaz de sacarte una sonrisa... y apartar las complicaciones, evitar el enfrentamiento de cara con los problemas y aplazar conversaciones y la toma de decisiones. Un conformismo que nunca ha ido conmigo y en el que cada vez me siento peligrosamente más cómoda.
Pero esa actitud irremediablemente me lleva al fracaso. Porque así nunca cumpliré mis deseos de volver a enamorarme, de tener mi familia y ser madre. Seguiré cumpliendo años y los sueños se irán desvaneciendo. Y yo no me merezco eso.
Sé que tengo que ser como me ven desde fuera. Tengo que ser fuerte, segura, con metas y objetivos, independiente, y que esto me convertirá en alguien atractiva para quien merezca mi amor. Pero a día de hoy es todo lo contrario a como me siento.
No hay que ser demasiado listo para saber que en el futuro cercano se avecinan cambios, y parece no demasiados agradables o fáciles todos ellos. Quizá sea lo que tiene que pasar. Quizá fuera lo que tenía que haber pasado ya hace tiempo. Se avecinan cambios, porque toda crisis o recaída tiene que llevar unos cambios asociados. Si no fuera así, me quedaría bloqueada y estancada en una situación indesable. Tengo que conseguir ser yo quien tome decisiones, y no actuar siempre en respuesta a las decisiones de otros.
De primeras voy a intentar llegar a mi 34 cumpleaños con un examen de conciencia bien hecho, un listado de todo lo que quiero y decidir qué está en mi mano comenzar desde ya a cambiar. Seguiremos informando.
A veces la vida te pone a prueba. El desamor no es quizá la más dura de todas pero sí un buen momento para parar, pensar y retomar las riendas de tu vida. Superar una ruptura inesperada nunca es fácil, así que para mi comienza una nueva etapa de búsqueda. Y para ello cuento con la ayuda permanente de la poesía y de Benedetti, que una vez escribió: 'para vos no es novedad que el mundo y yo te queremos de veras, pero yo siempre un poquito más que el mundo'
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lunes, 17 de agosto de 2015
miércoles, 11 de marzo de 2015
Resiliencia
Hace algo más de año y medio no tenía ni la menor idea de lo que era la palabra resiliencia. Hoy forma parte de mi vida, al igual que la meditación, el reiki, o la independencia.
La resiliencia no es más que la capacidad del individuo para sobreponerse a situaciones adversas y al dolor emocional. Vamos, lo que toda la vida ha sido levantarse con más fuerza cuando te caes al suelo. Pero eso no significa que no se sientan las cosas o volverte de piedra.
Resiliente sí, pero también soy una persona sentimental. A veces lloro, y me enfado, y siento que ningún esfuerzo merece la pena. Porque me duelen las cosas, los gestos, las palabras cuando salen de una persona que quiero. Y luego llegan las bromas macabras de la vida. Situaciones que te han llevado a ser resiliente, que te gustaría no volver a vivir, pero que se repiten de manera casi calcada.
Así que es ahora cuando me toca demostrarme a mi misma que soy más fuerte, que soy capaz de tomar decisiones sin importar el dolor que (me) cause, que mi felicidad y mi objetivo son más importante que cualquier cosa. E incluso que si no consigo mi objetivo, no debo venirme abajo ni lamentarme por ello. Porque a eso me ha enseñado tener resiliencia, a sacar lo positivo de lo más bueno y también de lo más triste. Pero repito: eso no significa que sea de piedra, y que sienta que necesito llorar para desahogarme un ratito. En la intimidad, en mi soledad.
Tengo a mi lado el mejor ejemplo de resiliencia que nadie pueda conocer. Y en él me miro y me miraré toda la vida, para sacar una sonrisa después de cada lágrima.
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miércoles, 31 de diciembre de 2014
Balance final de liquidación
Manda la tradición acabar el año mirando hacia atrás y haciendo balance del 2014. El año pasado me lo salté, y dije que ya valoraría el 2013 más adelante. Ahora en realidad pienso que no merece la pena mirar más hacia atrás, seguir hacia delante es lo mejor que puedo hacer, y es lo que he hecho estos doce meses pasados. Aunque es gracioso que, por razones exclusivamente burocráticas que me tienen un poco hasta el gorro, llevo varios días llevando arriba y abajo un "balance final de liquidación" que no son más que números que sustituyen ilusiones, trabajos, noches en vela y apretones de mano. No me gustaría que mi balance final de año se quedaran en meros números, porque han pasado tantas cosas buenas...
En realidad, comencé el año sin ninguna expectativa. Aturdida y algo espesita, no pensaba que la nueva situación fuera a traer nada nuevo, y sobre todo, nada bueno. Pero como suele suceder, cuando esperas mucho de algo/alguien las probabilidades de decepcionarte aumentan, y cuando no esperas nada de nada/nadie, hasta lo más pequeño puede sorprenderte.
Ha sido un año de reencuentros con personas que espero ya no se vayan nunca más de mi lado. Pase lo que pase y aunque nuestras vidas tengan caminos distintos, espero que encontremos siempre ese ratito para conversar (físicamente o por Skype), para seguir sabiendo unos de otros, para estar siempre cuando el otro lo necesite, para reír y llorar juntos o para simplemente saber que estamos ahí.
Ha sido un año de descubrimientos y conocimientos. De primeras veces. De primeras miradas. He conocido a gente que me ha empujado a la vida y me ha hecho vivir más de noche que de día, pero VIVIR con mayúsculas. Gente con quien hoy despido el año y saludo al año nuevo, porque ese momento no puede ser para nadie más que para ellos. 12 meses de momentos inolvidables, de conciertos que jamás olvidaré, de un cumpleaños gitano que ni soñado pudo ser mejor, de las sesiones de Reiki, de horas y horas de "akelarres whatsapperos" de la boda más especial de los últimos años, de un verano que tiene hasta banda sonora...
Un verano de los que se te quedan grabados para siempre en la cabeza. Mi primera aventura en solitario, llena de momentos de añoranza, pero afianzando aquello que llevaba meses trabajando. La certeza de yo puedo hacer lo que no creía que era capaz, y que espero que continúe siendo así en el futuro. Un verano donde la playa ha sido mi lugar más habitual. Ya fuera en unas costas o en otras, tengo mi retina llena de amaneceres y atardeceres (vale, la cámara del móvil también) y esos momentos no hay forma de compartirlos porque ni la más bella fotografía puede compararse a la contemplación de la Naturaleza. Un verano fácil de recordar porque el color que cogió mi piel no lo tenía desde que era una enana, y que mi cuerpo aún se encarga de marcar.
Pero sin duda ha sido el año, y no he escrito este post hasta hoy por no gafarlo a última hora y tener que tragarme mis palabras, en que no hemos tenido que despedirnos de nadie. Hemos conocido despedidas cercanas, y no por ello no han sido dolorosas, pero hacía años que, por unas cosas o por otras, no decíamos adiós al año siendo los mismos que lo comenzamos. Como 31 de diciembre tengo en mi recuerdo a personas especiales que ya no están. Tengo que dar mil gracias de no haber tenido que despedir a un compañero que ha pasado por un bache hace poquitos días. Pero en definitiva, en este año de falta de trabajo, de amor más bien poco repartido, y de dinero casi inexistente, de salud hemos andado bastante bien servidos. Y así, los males son menos males.
Aunque en realidad, los que despedimos este 2014 no somos los mismos que lo empezamos, porque hace poco más de un mes que compartimos espacio con la personita más querida de nuestra casa. Estrenamos este año con nuevos títulos de papá, abuelos y tíos, esperando unos Reyes Magos que vuelven a tener la magia especial que genera un pequeño en la casa. Siempre recordaremos este año como el que conocimos a Cristina. Poco más de un mes y es difícil imaginar la vida sin ella.
Sería injusto ponerle peros a este año con todo lo bueno que me ha dado. Podría pedirle muchas cosas al 2015 y hacer mil propósitos de año nuevo, pero corro el riesgo de volver a desilusionarme y a no cumplir nada. Así que me dejo llevar por lo que traigan los próximos 12 meses, y ya haremos balance cuando acabe.
Mientras tanto... me quedo con Lori Meyers.
...fin de partida y los descartes se me acaban,
difícil es si la baraja está marcada,
pero tenía un comodín que me guardaba,
hasta otra manga la partida está ganada.
Que en mi vida no ha cambiado nunca nada,
que cambio siempre solo bastos por espadas
es para enloquecer...
-Castillo de naipes, "Cuando el destino nos alcance" (2010)-
martes, 16 de diciembre de 2014
Mañana será otro día
Hay días que sería mejor no levantarse de la cama. Ya me pasó uno este verano cuando amaneció mi fregadero por los suelos y todos los platos que había dejado en su interior rotos... era una clara señal de que no debía despertar y seguir añadiendo malas noticias al día. Pero esa vez era viernes, así que algo de alegría había en el ambiente, y por lo menos se arregló.
Pero esta vez no. Lunes, puñetero lunes. Un lunes donde tal como decía Murphy "todo lo que podía ir mal, fue mal". Desde las mismas 8:00 de la mañana he ido sumando un revés tras otro. Y ahora, al final del día, solo puedo sentarme a escribir un poco antes de ir a dormir y volver a la cama de la que no debí salir esta mañana.
Hoy hace 75 años que se estrenó una de mis películas favoritas, "Lo que el viento se llevó", y hoy más que nunca me voy a dormir con la frase de Escarlata O`Hara cuando las cosas no le podían ir peor: "después de todo... mañana será otro día".
Porque esa es la actitud. Escarlata era una mujer orgullosa, arisca, testaruda y caprichosa. Muy como yo. Pero también era curranta, decidida, valiente, dulce, cariñosa y luchadora. Muy como yo. Y es que, aún cuando te quedas sola y sin saber qué va a ser de ti en el futuro, se tiene que tener la cabeza fría para pensar: ahora voy a ir a dormir, descansaré, y mañana que se prepare el mundo que allá voy y no va a poder conmigo.
Y en esas estamos. Mañana me sentiré más valorada, más querida, más afortunada.
Mañana será otro día.
Pero esta vez no. Lunes, puñetero lunes. Un lunes donde tal como decía Murphy "todo lo que podía ir mal, fue mal". Desde las mismas 8:00 de la mañana he ido sumando un revés tras otro. Y ahora, al final del día, solo puedo sentarme a escribir un poco antes de ir a dormir y volver a la cama de la que no debí salir esta mañana.
Hoy hace 75 años que se estrenó una de mis películas favoritas, "Lo que el viento se llevó", y hoy más que nunca me voy a dormir con la frase de Escarlata O`Hara cuando las cosas no le podían ir peor: "después de todo... mañana será otro día".
Porque esa es la actitud. Escarlata era una mujer orgullosa, arisca, testaruda y caprichosa. Muy como yo. Pero también era curranta, decidida, valiente, dulce, cariñosa y luchadora. Muy como yo. Y es que, aún cuando te quedas sola y sin saber qué va a ser de ti en el futuro, se tiene que tener la cabeza fría para pensar: ahora voy a ir a dormir, descansaré, y mañana que se prepare el mundo que allá voy y no va a poder conmigo.
Y en esas estamos. Mañana me sentiré más valorada, más querida, más afortunada.
Mañana será otro día.
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viernes, 18 de abril de 2014
El amor en los tiempos del desamor
Hacía días que tenía ganas de escribir en el blog. Tengo pendiente escribir sobre algunas cosas y llevo un par de semanas dándoles forma y pensando en cómo enfocarlo. Pero de repente las palabras salen solas de una mente a la que le pasan mil sensaciones por delante. Y no importa si se dice ordenada o desordenadamente. Porque eso es lo que ocurre cuando se escribe desde el corazón. Hace ya tiempo que sabíamos que estabas ausente, olvidadizo, cansado y que habías abandonado la escritura. Pero aún así, tener conocimiento de tu muerte hace que el mundo cambie completamente. Tengo la suerte de haberte leído, de haberme metido en tu mundo, de conocer Macondo, de haber conocido el amor de Florentino Ariza y Fermina Daza a través de mi propia historia de amor... y aún me quedan mil historias más por conocer, con las que prometo ir completando mi biblioteca particular. Yo no puedo escribir como tú. Necesito utilizar los puntos, algo que tú parecías desconocer y que en más de una ocasión me ha hecho repetir inmensos párrafos porque me perdía. Tengo que reconocer que mi primer contacto con el realismo mágico no fue contigo, sino con Laura Esquivel y Neruda, y que a Rulfo lo tengo pendiente (y no sé cuándo podré leerlo, la verdad), al igual que reconozco ver en tus escritos los cuadros de mi querida Remedios... pero desde que llegó a mis manos el primer libro tuyo (recomendado, regalado y hasta dedicado... tanto que ahora duerme en el fondo de algún mar) me enamoré de ti y pasaste a centrarlo todo. Habrá otros, claro que los habrá... pero estoy segura que siempre volveré a ti. Que estarás conmigo en los momentos importantes de mi vida, y pese a que ahora mismo no estés porque te llevaron, volverás a presidir la estantería.
Descansa en Paz, Gabo.
domingo, 2 de marzo de 2014
Leer, escribir, vivir.
Leer es uno de los grandes privilegios de los que podemos disfrutar cuando tenemos TIEMPO. Cuando lees te transportas a otro mundo, te llenas de otras vidas, de tu propia vida... pero además, o por lo menos a mi me pasa, un libro va asociado a multitud de recuerdos. Ahora mismo tengo empezados cuatro libros, que me trasladan a cuatro situaciones, personas o recuerdos muy diferentes y concretos.
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Esta última frase me encanta; me parece clara y completa. Preguntarás, porque te conozco: "¿Y cómo se manifiestan estas trampas...?".
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
"Suave es la noche" de Scott Fitzgerald; la lectura que creía que me conectaría a través del océano, la que se quedó durante meses dormida, a la que tenía miedo de recuperar, y la que tantas alegrías me da ahora que no nos separa nada... ahora que es tan mía que no forma parte de nadie más.
"La vida a veces" de Carlos del Amor; una lectura apasionada, de historias reales (¿o no?), cuyas palabras leo pero que imagino narradas por su maravillosa voz y su especial sonrisa.
"¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos" de Will Gomperzt; un reciente descubrimiento que ha llegado a mi vida de manera inesperada e ilusionante, y con dedicatoria incorporada (no me canso de darte las gracias por "estar"). ¿Se puede leer un libro de Historia del Arte con una sonrisa? Pues al parecer sí.
Y sobre todo, el que nunca falta en el bolso "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay. Quizá sea comprensible que lleve un libro de un terapeuta siempre conmigo, pero no lo llevo como guía para no perderme en esta selva que es mi vida (quizá no sólo para eso), sino que sin quererlo Jorge y Claudia ya forman parte de mi vida. Son mis amigos. Son mis padres. Son mi madre, el día que eligió este libro entre toda la oferta de El Corte Inglés para regalármelo a mí, para que fuera mi compañero de viaje. Me recuerda mucho en su forma de leer a aquel tantas veces mencionado, aquel que nunca leeré y menos aún aquella página marcada. Lo leí la primera vez de principio a fin. Desde entonces, salto de una a otra carta como aquel que busca en un diccionario exactamente el término que necesita. He tenido la tentación de escribirlo, de subrayarlo, de llenarlo de post-it como el libro de trabajo en el que lo he convertido. Recomiendo leerlo una y mil veces. En cualquier situación, se necesite o no (¿quién no necesita que le recuerden que no somos superhéroes?), cuando se está en horas bajas y aún más cuando nos creemos por encima del bien y del mal.
Por ello quería compartir una de las cartas. No es la más emotiva, ni la mejor escrita, ni la más concluyente... pero sí es la que más veces he leído. En el libro es la carta nº5 (mera casualidad).
"Claudette:
Me pregunto si tus preguntas no tienen fin. ¿Quieres saber qué opino sobre la teoría psicoanalítica de la neurosis?
Intentaré ser breve. Me parece un trabajo intelectual excelente y que, indudablemente, echa luz sobre la compresión de lo que podría ser el proceso de gestación y de instauración del trastorno neurótico. Nada ha modificado tanto la mirada sobre lo humano y el comportamiento de la sociedad como la técnica y la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX y principios del XX. Nada ha ayudado más a desdemonizar la enfermedad psiquiátrica como el trabajo del genio vienés.
Sin embargo, no quiero dejar de decirte que, en mi opinión, y como te dije, se han desarrollado en esta matriz cuatrocientas cincuenta escuelas de psicoterapia, algunas tan buenas como el psicoanálisis y algunas para casos específicos, aún mejores si medimos resultados terapéuticos.
Es obvio que muchas veces no se necesita un conocimiento profundo de los hechos y su génesis para producir el cambio.
No hay que dominar la teoría cuántica, ni el curso de los electrones en la teoría de Alexander Volta para cambiar una bombilla o arreglar una plancha.
Para estas y otras cosas, en general, basta con el sentido común, la observación y el aprendizaje empírico.
Después de todo, un neurótico, de muchas maneras, es alguien que está en cortocircuito.
Un neurótico es alguien que no disfruta de su vida
Es alguien a quien le pasan las cosas
Es un disconforme permanente
Es un manipulador de los demás y de sí mismo
Un neurótico es alguien que pasa la mitad de su vida poniéndose trampas
y la otra mitad cayendo en ellas
Fundamentalmente, en un individuo neurótico aparecen cuatro cosas:
1. Inmadurez
2. Anhedonía (¡qué palabra!).
3. Interrupción
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera.
1. Inmadurez. Obviamente este punto se refiere a la falta de recursos del neurótico, o al desconocimiento total de ellos. Nuestros aspectos neuróticos necesitan madurar para dejar de ser dependientes, pero están "verdes" para ello. Parecería que "nos falta un hervor...", como se dice en España.
Entendiendo por madurar un proceso de crecimiento continuo que consiste en traspasar el apoyo ambiental al autoapoyo.
Proceso significa tiempo y cambio.
Crecimiento significa expansión del Yo.
Continuo significa que no tiene principio ni final durante la vida del individuo.
Respecto del apoyo ambiental y el autoapoyo, quédate por ahora con el sentido obvio de estos conceptos y dejemos abierto este punto para tratarlo en otra carta. No quiero distraerme y quiero terminar mi lista de condiciones
2. Anhedonía. Este punto define literalmente la ausencia de placer, la incapacidad para obtener bienestar pleno de lo que se hace.
No importa cuánto esfuerzo se haga, cuán importante sea el logro, cuán adecuada sea la conducta, ni cuán esperado sea el resultado: el neurótico no se permite el placer, por lo menos no el placer pleno, el que satisface, el placer sano.
3. Interrupción. Este es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso de desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo...
Interrumpir, etimológicamente, significa "romper un vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones". En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si para pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción. Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar" el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta; sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir ("des-cubrir") la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote, sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de mi dejarme estar en ella.
La certeza es en general consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mí mismo una situación inconclusa que dejará paso a nuevas interrupciones.
4. Falta de límite entre el adentro y el afuera. Ésta es quizá la más clara manifestación de nuestros aspectos neuróticos. Cuando interactúo con alguien, por ejemplo, y él me dice lo que le molesta, lo que le gusta o lo que le duele, sólo puedo contactar con mi realidad si permanezco teniendo claro que él está fuera de mi y puedo y debo por ende hacerme cargo de aquello que en efecto es mío.
Como siempre te dije: "Sólo soy perchero de mi propio sombrero". Y esta frase es para mi como la profundización de mi conciencia del afuera y del adentro.
Decir que es importante darse cuenta de que el límite de mi piel separa mi exterior de mi interior parece una perogrullada y, sin embargo, es la dificultad más frecuente y la que da origen, en gran medida, a las otras tres.
Creo firmemente que si todos pudiésemos darnos cuenta de esta diferencia, de este límite que impone nuestra piel, gran parte de las broncas, de las frustraciones, de las expectativas y de los sacrificios que padecemos morirían de muerte natural.
A partir de sanar estas cuatro cosas tratamos de ayudar a nuestros pacientes.
Si conseguimos que tan sólo uno de ellos comprenda qué cosas son adentro y qué cosas son afuera, si conseguimos que no se interrumpa, que disfrute de sus cosas y que se apoye sobre sí mismo responsabilizándose de sus actos, entonces nosotros perderemos un cliente y él ganará una nueva vida."
Jorge Bucay, "Cartas para Claudia", 1986.
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viernes, 13 de diciembre de 2013
Queridos Reyes Magos...
Se acerca el final de año. La época en que los mayores hacemos repaso de lo que hemos conseguido de los objetivos que teníamos para este año, y hacemos listas de los que pretendemos hacer el año que viene.
Y mientras tanto, los más pequeños hacen sus listas de los regalos que desean que el señor gordo de rojo o los Magos de Oriente les dejen bajo el árbol de Navidad.
Este año no sé si tengo ganas de ser mayor o pequeña. He pedido por favor no abrir ni un solo regalo esta Navidad, ya que tengo la sensación de que nada material puede satisfacerme ahora mismo y sería desagradecido para quien hace el mayor de los ejercicios de generosidad, pensar en algo que te pueda gustar y emocionar y hacerlo pensando solo en ti. Por lo tanto, la ilusión material de los pequeños está claro que no la tengo.
Tampoco tengo ganas de repasar el 2013 y ver qué objetivos he cumplido y cuáles no. Es más que evidente que no ha sido el mejor año de mi vida, y si ya nos centramos en los últimos meses, entre la despedida de un ser querido y la traición y deslealtad mostrada por otro, se han venido abajo la mayoría de las ilusiones y sueños que tenía puestos para el futuro. Así que, ya haré repaso de este 2013 en otro momento.
Y para el 2014, ¿qué?. Nunca un dicho se hizo tan real, como el de "año nuevo, vida nueva". Sin trabajo y viviendo sola ya es suficiente reto sobrevivir cada día como para encima ponerse nuevos objetivos.
Así que me paso estos últimos días del año cerrando cajas llenas de recuerdos en vez de abriendo cajas de regalo. Cajas que se quedarán en un trastero hasta que el olvido las haga desaparecer. Y para entonces, seguramente los Magos de Oriente hayan pasado más de una vez por mi casa dejando el árbol lleno de cajas de ilusión.
Y mientras tanto, los más pequeños hacen sus listas de los regalos que desean que el señor gordo de rojo o los Magos de Oriente les dejen bajo el árbol de Navidad.
Este año no sé si tengo ganas de ser mayor o pequeña. He pedido por favor no abrir ni un solo regalo esta Navidad, ya que tengo la sensación de que nada material puede satisfacerme ahora mismo y sería desagradecido para quien hace el mayor de los ejercicios de generosidad, pensar en algo que te pueda gustar y emocionar y hacerlo pensando solo en ti. Por lo tanto, la ilusión material de los pequeños está claro que no la tengo.
Tampoco tengo ganas de repasar el 2013 y ver qué objetivos he cumplido y cuáles no. Es más que evidente que no ha sido el mejor año de mi vida, y si ya nos centramos en los últimos meses, entre la despedida de un ser querido y la traición y deslealtad mostrada por otro, se han venido abajo la mayoría de las ilusiones y sueños que tenía puestos para el futuro. Así que, ya haré repaso de este 2013 en otro momento.
Y para el 2014, ¿qué?. Nunca un dicho se hizo tan real, como el de "año nuevo, vida nueva". Sin trabajo y viviendo sola ya es suficiente reto sobrevivir cada día como para encima ponerse nuevos objetivos.
Así que me paso estos últimos días del año cerrando cajas llenas de recuerdos en vez de abriendo cajas de regalo. Cajas que se quedarán en un trastero hasta que el olvido las haga desaparecer. Y para entonces, seguramente los Magos de Oriente hayan pasado más de una vez por mi casa dejando el árbol lleno de cajas de ilusión.
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